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Análisis del impacto de la COVID-19 en menores de edad con trastorno del espectro autista

M. Salmerón-Medina, A. Tàpia-Córcoles, E. Palou-Artola, R. Nicolau-Palou, R. Calvo-Escalona   Revista 74(06)Fecha de publicación 16/03/2022 ● OriginalLecturas 4431 ● Descargas 280 Castellano English

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[REV NEUROL 2022;74:181-188] PMID: 35275394 DOI: https://doi.org/10.33588/rn.7406.2021291

Introducción. La declaración del confinamiento domiciliario a raíz de la pandemia de la COVID-19 alteró profundamente las rutinas y el acceso a soportes sociosanitarios en menores de edad con trastorno del espectro autista (TEA). Esta población se distingue por su elevada complejidad de manejo y vulnerabilidad ante cambios.

Objetivos. Evaluar cualitativamente el estado psicosocial en menores con TEA atendidos en el Hospital Clínic de Barcelona durante el confinamiento y pasado éste.

Pacientes y métodos. Se administró una encuesta, elaborada específicamente para este estudio, a los cuidadores principales de 65 niños y niñas con diagnóstico principal de TEA.

Resultados. Se observó una regresión en la sintomatología nuclear del TEA. Además, aumentó el uso de nuevas tecnologías y la ingesta entre comidas, y apareció una sintomatología ansiosa. La recuperación tras el confinamiento no fue total en nuestra muestra.

Conclusiones. Los resultados ponen de relieve la necesidad de planificación de soportes específicos para los menores con TEA y de recursos para revertir las afectaciones en las rutinas, los hábitos y la incorporación escolar.

Autismo Confinamiento COVID Escuelas TEA Tratamientos Neuropediatría Técnicas exploratorias

Introducción


En marzo de 2020, debido a la alta contagiosidad y transmisión del virus SARS-CoV-2 entre personas, se decretó un confinamiento total de la población española que duró dos meses y medio. A raíz de éste, se vieron alteradas las dinámicas y rutinas de toda la población. El trastorno del espectro autista (TEA) se caracteriza por un déficit grave y generalizado en las habilidades de interacción social recíproca y las habilidades de comunicación, o por la presencia de conductas, intereses y actividades estereotipadas [1,2]. Los menores con TEA precisan hábitos y rutinas estables, y contar con un grado de apoyo sustancial para tener un buen funcionamiento personal, familiar y social. Su tendencia a la adhesión a las rutinas y su escasa flexibilidad los hicieron más vulnerables a las circunstancias del confinamiento [3-5]. Durante este período perdieron gran parte o la práctica totalidad de los soportes asistenciales, educativos especiales, ocupacionales y sanitarios existentes [6]. Además, los cambios constantes, producto del confinamiento, la desescalada y las reglas sanitarias, implicaron factores de estrés adicionales [5,7]. Todo ello parece predisponer a un empeoramiento de los síntomas del TEA y de los trastornos comórbidos o problemas asociados [8,9], por lo que sería importante determinar sus necesidades después del confinamiento.
 

Objetivo


El objetivo de este estudio fue analizar y evaluar el grado de afectación en la salud mental de menores con TEA ante el confinamiento, así como la adaptación a la nueva normalidad. Se espera que: a) la pérdida de rutinas haya impactado en su funcionamiento; b) el aislamiento pueda incrementar sus dificultades con las relaciones sociales, y c) el uso de mascarillas faciales dificulte el reconocimiento y el uso de expresión de emociones faciales.
 

Pacientes y métodos


La población estudiada ha sido los menores de edad de 7 a 17 años con TEA atendidos en la Unidad de Referencia del Trastorno del Espectro Autista (URTEA) del Hospital Clínic de Barcelona entre marzo y diciembre de 2020. Éste es un dispositivo de referencia para niños y adolescentes con TEA de elevada complejidad que presentan mala evolución a pesar de recibir atención médica y/o psicológica en su entorno comunitario. Todos los participantes tienen diagnóstico de TEA confirmado en la URTEA según los criterios del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, quinta edición.

Se contactó con los cuidadores principales para que respondieran un cuestionario anónimo elaborado específicamente para el estudio. Se administró por vía telefónica o por vía formulario en línea, creado mediante Microsoft Forms. El cuestionario recogía información sociodemográfica, clínica y sociofamiliar. Constaba de 35 ítems, agrupados en cinco dimensiones (Tabla I): a) interacción y comunicación social; b) gestión emocional personal; c) hábitos y rutinas; d) académicas, y e) uso de fármacos. Asimismo, se plantearon tres variables secundarias: datos sociodemográficos, vivienda de la familia y experiencia de la COVID-19.

 

Tabla I. Ítems del cuestionario administrado.

Variables demográficas

1. Sexo de su hijo/a

2. Edad de su hijo/a en el inicio del confinamiento

3. ¿Su hijo/a presenta lenguaje?

4. ¿Su hijo/a dio positivo por COVID-19?

5. ¿Algún otro miembro de la vivienda tuvo COVID-19?

Vivienda

6. Número de personas que conviven en el domicilio

7. Número de habitaciones en el domicilio

8. ¿Su hijo/a tiene una habitación para él/ella?

Experiencia de la COVID-19

9. ¿Su hijo/a entendió por qué se tenía que quedar en casa?

10. ¿Su hijo/a salió de casa durante el confinamiento?

11. Su hijo/a ha utilizado: mascarilla, pantalla, nada

12. ¿Mostró miedo a la COVID-19? (lo ha verbalizado o manifestado)

Interacción y comunicación social

13. ¿Durante el confinamiento mantuvo contacto con sus amigos/compañeros de clase?

14. Después del confinamiento, las relaciones sociales de su hijo: han disminuido, se han mantenido igual, han aumentado

15. ¿Se ha visto afectada la comunicación (explicar cosas, realizar demandas) de su hijo/a?

16. ¿La utilización de mascarillas dificulta a su hijo/a que comprenda las expresiones faciales, órdenes, etc.?

17. Cuando habla o le hablan a su hijo/a, ¿mira a los ojos de las personas?

18. La participación dentro de la familia: ha disminuido, se ha mantenido igual, ha aumentado

Gestión emocional

19. Durante el confinamiento, la ansiedad: no tenía, ha disminuido, se ha mantenido, ha aumentado

20. ¿Ha notado algún empeoramiento respecto a lo que se había conseguido a nivel terapéutico?

21. El confinamiento ha provocado: comportamientos autolesivos, agresiones a otras personas, aislamiento, sensibilidades (ruido, luz, comida, etc.)

22. ¿Se han desarrollado nuevas sensibilidades durante el confinamiento?

Rutinas y hábitos

23. ¿Siguió rutinas diarias en casa durante el confinamiento?

24. Se vio afectada la rutina en los hábitos: alimentarios, higiene, dormir

25. La ingesta entre comidas

26. Sus intereses restringidos

27. Las estereotipias (movimientos repetitivos)

28. Durante el confinamiento, aumentó el uso de: ordenador/tableta/móvil, redes sociales, televisión

Académicas

29. ¿Seguía las clases en línea del centro escolar?

30. ¿Se incorporó todos los días a la escuela después del confinamiento?

31. ¿Manifestó ansiedad antes de iniciar la escuela?

32. Actualmente, en la escuela: rendimiento académico/agresividad física hacia otros/agresividad verbal hacia otros

Farmacológicas

33. ¿Se administró más medicación de rescate de la habitual?

34. ¿Se tuvo que cambiar la medicación que tomaba su hijo/a?

35. ¿Rechazó la medicación durante el confinamiento?

 

Respecto al análisis de datos, de cada variable principal se tuvieron en cuenta los valores de frecuencia de cada ítem. Además de informar de los resultados principales de cada ítem, se compararon frecuencias según subgrupos de interés, definidos por las variables secundarias o por otras variables principales. Las comparaciones se hicieron de forma cualitativa, dado que no existe un grupo control.
 

Resultados


En el estudio participaron 65 familias (n = 65) de las 85 que fueron atendidas en el servicio entre los meses de marzo y diciembre de 2020. Un 24% de ellas se derivó a la URTEA una vez finalizado el período de confinamiento en el mes de mayo de 2020. Las características demográficas de la muestra y los resultados principales se pueden consultar en la tabla II. La edad media de los niños evaluados en el estudio fue de 13,28 ± 2,71 años y el 80% fueron varones. La mayoría fueron negativos para la COVID-19 (93,8%).

 

Tabla II. Resultados de la encuesta administrada.

Sexo

   Masculino

   Femenino
 

 

52 (80%)
 

13 (20%)

   

Edad (años)

   ≤ 11

   > 11
 

13,28 ± 2,71
 

16 (25%)
 

49 (75%)

   

Lenguaje

   Sí

   No
 


56 (86,2%)
 

9 (13,8%)

   

Niño con TEA positivo por COVID-19

   Sí

   No
 


4 (6,2%)
 

61 (93,8%)

   

Otro miembro de la vivienda positivo por COVID-19

   Sí

   No
 


13 (20%)
 

52 (80%)

   

Número de personas conviviendo en el domicilio

   ≥4

   <4
 

3 ± 0,91
 

58 (89%)
 

7 (11%)

   

Número de habitaciones en el domicilio

3,14 ± 0,57

   

Habitación para él/ella solo/a

   Sí

   No
 


51 (78,5%)
 

14 (21,5%)

   

Comprensión del confinamiento

   Sí

   No
 


51 (78,5%)
 

14 (21,5%)

   

Salida durante el confinamiento

   Sí

   No
 


34 (52,3%)
 

31 (47,7%)

   

Uso de equipos de protección individual

   Mascarilla

   Pantalla

   No ha tolerado ninguna
 


53 (81,5%)
 

1 (1,5%)
 

11 (16,9%)

   

Miedo a la COVID-19

   Sí

   No
 


29 (44,6%)
 

36 (55,4%)

   

Contacto con iguales durante el confinamiento

   Más

   Igual

   Menos
 


0 (0%)
 

8 (12,3%)
 

57 (87,7%)

   

Relaciones sociales después del confinamiento

   Han aumentado

   Se han mantenido

   Han disminuido
 


5 (7,7%)
 

34 (52,3%)
 

26 (40%)

   

Afectación de la comunicación verbal

   No

   Poco

   Mucho
 


29 (44,6%)
 

25 (38,5%)
 

11 (16,9%)

   

Afectación en la comprensión comunicativa por las mascarillas

   No

   Poco

   Bastante

   Mucho
 


14 (21,5%)
 

28 (43,1%)
 

16 (24,6%)
 

7 (10,8%)

   

Mirada a los ojos

   Más

   Igual

   Menos
 


3 (4,6%)
 

45 (69,2%)
 

17 (26,2%)

   

Participación en la familia

   Ha aumentado

   Se ha mantenido

   Ha disminuido
 


11 (16,9%)
 

11 (16,9%)
 

42 (64,6%)

   

Ansiedad durante el confinamiento

   Ha aumentado

   Se ha mantenido

   Ha disminuido

   No presentaba
 


36 (55,4%)
 

5 (7,7%)
 

8 (12,3%)
 

16 (24,6%)

   

Empeoramiento de objetivos terapéuticos

   Sí

   No
 


40 (61,5%)
 

25 (38,5%)

   

Comportamientos autolesivos

   Han aumentado

   Se han mantenido

   Han disminuido

   No presentaba
 


3 (4,6%)
 

14 (21,5%)
 

11 (16,9%)
 

37 (56,9%)

   

Heteroagresividad

   Ha aumentado

   Se ha mantenido

   Ha disminuido

   No presentaba
 


26 (40%)
 

13 (20%)
 

4 (6,2%)
 

22 (33,8%)

   

Aislamiento

   Ha aumentado

   Se ha mantenido

   Ha disminuido

   No presentaba
 


28 (43,1%)
 

20 (30,8%)
 

2 (3,1%)
 

15 (23,1%)

   

Sensibilidades

   Han aumentado

   Se han mantenido

   Han disminuido

   No presentaba
 


22 (33,8%)
 

32 (49,2%)
 

0
 

11 (16,9%)

   

Nuevas sensibilidades

   Alimentos

   Luces

   Olores

   Ruidos

   Tacto

   No
 


9 (14,3%)
 

4 (6,3%)
 

2 (3,2%)
 

7 (11,1%)
 

1 (1,6%)
 

40 (63,5%)

   

Seguimiento de rutinas

   Sí

   No
 


35 (53,8%)
 

30 (46,2%)

   

Afectación en hábitos

   Alimentarios

   De higiene

   De sueño
 

No
 

23 (35,4%)
 

30 (46,2%)
 

21 (32,3%)

Poca
 

14 (21,5%)
 

14 (21,5%)
 

21 (32,3%)

Mucha
 

28 (43,1%)
 

16 (24,6%)
 

28 (43,1%)


Ingesta entre comidas

   Ha aumentado

   Se ha mantenido

   Ha disminuido

   No presentaba
 


42 (64,6%)
 

16 (24,6%)
 

3 (4,6%)
 

4 (6,2%)

   

Intereses restringidos

   Han aumentado

   Se han mantenido

   Han disminuido

   No presentaba
 


27 (41,5%)
 

32 (49,2%)
 

5 (7,7%)
 

1 (1,5%)

   

Estereotipias

   Han aumentado

   Se han mantenido

   Han disminuido

   No presentaba
 


18 (27,7%)
 

22 (33,8%)
 

4 (6,2%)
 

21 (32,3%)

   

Aumento de uso de tecnologías

   Ordenador

   Televisión

   Tableta

   Videoconsola

   Redes sociales

   Teléfono inteligente
 


64 (98%)
 

25 (24%)
 

64 (98%)
 

64 (98%)
 

16 (15%)
 

64 (98%)

   

Reincorporación completa a la escuela

   Sí

   No
 


38(58,5%)
 

27 (41,5%)

   

Ansiedad antes de empezar la escuela

   Sí

   No
 


35 (53,8%)
 

30 (46,2%)

   

Rendimiento académico

   Más

   Igual

   Menos
 


10 (15,4%)
 

26 (40%)
 

29 (44,6%)

   

Agresividad física después del confinamiento

   Más

   Igual

   Menos
 


17 (26,2%)
 

35 (53,8%)
 

6 (9,2%)

   

Agresividad verbal después del confinamiento

   Más

   Igual

   Menos
 


34 (36,9%)
 

35 (53,8%)
 

6 (9,2%)

   

Mayor uso de medicación de rescate

   Sí

   No
 


30 (46,2%)
 

35 (53,8%)

   

Cambio de pauta de la medicación

   Sí

   No
 


23 (35,4%)
 

42 (64,6%)

   

Rechazo a la medicación

   Sí

   No
 


13 (20%)
 

52 (80%)

   

 

Experiencia de la COVID-19


Sólo el 22% de los menores con TEA sin lenguaje comprendió por qué debía quedarse en casa. Esta cifra llegó al 87% en quienes sí tenían lenguaje. De quienes sí lo entendieron, más de la mitad (53%) no pudo salir de casa. Sin embargo, sí pudieron salir de casa más de dos tercios de quienes no parecían haberlo entendido.

Interacción y comunicación social


El 88% de los menores había disminuido el contacto con iguales durante el confinamiento. Después de éste, el 52% de los encuestados comunicó que su hijo había reducido sus relaciones sociales, y éstas sola­mente habían aumentado en un 8% de los menores.

Un 17% de los menores de la muestra había visto afectada gravemente la capacidad comunicativa. En cuanto al género, un 38% de las niñas vio muy afectada su comunicación después del confinamiento, frente a un 12% de los niños. Un 33% de los menores sin lenguaje tuvo muy afectada la capacidad comunicativa, frente a un 14% de menores con lenguaje (Fig. 1a). La afectación de la capacidad comunicativa se asoció después con la disminución de las relaciones sociales en un 64% de los menores (Fig. 1b-1c). Un 88% de los encuestados expresó que el uso de mascarillas dificultaba la comprensión de su hijo ante la comunicación. De forma relevante, ninguno de los padres que indicaron dificultades de comunicación por el uso de mascarillas observó que la capacidad comunicativa se viera afectada. La mayoría de los padres (69%) indicó que no hubo cambios en el contacto visual cuando su hijo estaba en una conversación; en los que sí los hubo, el 85% describió un contacto visual menor.

 

Figura 1. Capacidad de lenguaje frente a variables de interacción social. a) Afectación en la comunicación verbal durante el confinamiento (en recuento); b) Contacto social durante el confinamiento (en recuento); c) Contacto social después del confinamiento de marzo (en recuento).






 

Gestión emocional personal


El confinamiento aumentó la ansiedad en un 55% de los menores de la muestra. El patrón de aumento de ansiedad estuvo relacionado con un conjunto de conductas (Tabla III).

 

Tabla III. Relaciones entre aumento de la ansiedad y conductas relacionadas.
 

Aumento de la ansiedad


Mantener rutinas

Sí (51%)

No (60%)

 

Clases telemáticas

Sí (52%)

No (57%)

 

Autolesiones

Más (28%)


Igual/no realizaba (72%)


Heteroagresiones

Más (64%)

Menos (3%)

Igual/no realizaba (33%)


Aislamiento

Más (61%)

Menos (3%)

Igual/no realizaba (36%)


Sensibilidades

Más (50%)


Igual/no realizaba (50%)


Ingesta entre horas

Más (86%)


Igual/no realizaba (14%)


Estereotipias

Más (42%)

Menos (3%)

Igual/no realizaba (56%)


 

Las sensibilidades aumentaron más en las niñas (54%) que en los niños (29%). Las niñas mostraron más aislamiento durante el confinamiento que los niños (62% frente a 37%). En cuanto a los avances terapéuticos, un 62% de los casos observó un retroceso terapéutico.

Hábitos y rutinas


Respecto a las rutinas diarias, un 54% las siguió en casa durante el confinamiento. En un 65% de los casos, los hábitos alimentarios se alteraron. La ingesta entre horas aumentó en el 63% de los niños. Los intereses restringidos se incrementaron respecto a los previos al confinamiento en un 42% de los casos. Un 41% de los que anteriormente realizaban estereotipias aumentó su frecuencia. Un 61% de los pacientes utilizó más los ordenadores, las tabletas, los móviles o las videoconsolas durante el confinamiento; un 24%, la televisión; y un 15%, las redes sociales.

Académico


En cuanto a la rutina escolar, un 35% de los pacientes siguió las clases en línea durante el confinamiento. El 89% de los niños sin lenguaje mantuvo el contacto escolar. Finalizado aquél, el 58% de los menores se reincorporó a la escuela todos los días. El 48% de los niños que se ausentaron durante el confinamiento se reincorporó a todas las clases en septiembre. Un 44,6% de los niños bajó su rendimiento académico respecto a su nivel previo (Fig. 2a). El porcentaje de niños que bajó el rendimiento no varió si las clases fueron telemáticas (el 43% que sí frente al 45% que no). La agresividad física en la escuela aumentó en un 26,2% de los casos, y la verbal, en un 37% (Fig. 2b).

 

Figura 2. Capacidad de lenguaje frente a variables relacionadas con el entorno escolar. a) Variación en el rendimiento académico (en recuento); b) Heteroagresividad física (en recuento).






 

Uso de fármacos


Durante el confinamiento, un 46% de los familiares manifestó haber usado más la medicación de rescate que antes. Un 61% de los menores que experimentaron mayor ansiedad durante el confinamiento recibió más fármacos de rescate. En un 65% de los que mostraron regresiones en los progresos terapéuticos, fue necesario modificar el plan farmacológico. De los que necesitaron utilizar con mayor frecuencia medicación de rescate, un 66% requirió cambio en el plan de medicación.
 

Discusión


Este estudio ha explorado el impacto psicológico del confinamiento domiciliario en menores con TEA, en un grupo de población que se caracteriza por su alta complejidad del manejo conductual. Los resultados sugieren que nuestra muestra ha visto afectado su funcionamiento en las tres áreas centrales propias del TEA: intereses restringidos, conductas repetitivas e interacción social. La mayoría de los padres y las madres comunicó que sus hijos con TEA aumentaron su ansiedad, conductas disruptivas, estereotipias, ingesta entre comidas y uso de aparatos tecnológicos. Ligado al empeoramiento clínico y funcional, casi la mitad de los encuestados refirió usar medicación de rescate durante el confinamiento.

Parece, entonces, que el malestar emocional de los menores con TEA estuvo vinculado al cambio súbito y marcado de actividades y a la vivencia de la emergencia sanitaria. La mayor parte de la muestra entendió la necesidad del confinamiento y esta comprensión se asoció a una respuesta de características fóbicas a la COVID-19. Destaca el hecho que la respuesta de ansiedad aumentó en la mayoría de los casos, tanto en los familiares que lograron mantener para su hijo pautas diarias como en los que no. Este aumento se daría también independientemente del seguimiento de clases en línea. Diversos estudios [7,10] marcaron recomendaciones para padres y cuidadores de menores con TEA en el manejo durante el confinamiento. Muchos tratamientos con evidencia científica para el TEA establecen la estructuración y la organización del tiempo en los niños con TEA [11,12]. También el uso de estrategias de regulación, como la relajación, podría ser de ayuda para el manejo conductual del niño [13,14]. Una estructura de las actividades proporciona seguridad y fomenta la funcionalidad en las personas con TEA [15].

Se hipotetiza que la magnitud de los cambios provocados por el confinamiento puede haber aumentado la necesidad de soportes más allá de los recibidos, lo que se acrecentó por la disrupción de los servicios sociosanitarios y educativos [16]. También existe la posibilidad de que el malestar psicológico de los progenitores y cuidadores de estos niños y niñas con TEA durante el confinamiento haya repercutido en el manejo conductual [1,7,16-18]. Se recomienda que los accesos a servicios de soporte a los menores con TEA se extiendan, además, a los cuidadores durante cambios repentinos para mitigar su impacto familiar [16].

Nuestra muestra destaca por el hecho de que la mayoría comprendiese qué era la COVID-19 y la necesidad del confinamiento. Diversos estudios encontraron que los niños con TEA mostraron muchas más dificultades para entender la situación en el inicio de la pandemia [16,18]. Hay que tener en cuenta que la comprensión es muy diferente en la muestra de pacientes con o sin lenguaje. Si se evalúa en una muestra de pacientes sin capacidad de comunicarse mediante el lenguaje, se percibe una menor comprensión en relación con la COVID-19. Se hipotetiza que la edad media y el cociente intelectual de nuestra muestra es más elevado que en otros estudios, hecho que posibilita que tengan una mayor comprensión de la situación.

Referente al confinamiento y el seguimiento escolar, se produjo una bajada en el rendimiento escolar en casi el 50% de los participantes. La estructuración que tenían desapareció en el momento del confinamiento. La pérdida de hábitos funcionales fue más allá del mundo académico. La interacción social se vio afectada, y después del confinamiento la mayoría no restableció su esfera social. Este resultado es esperable; la escuela desempeña una importante labor en la socialización de las niñas y los niños [19]. Un estudio cualitativo en Cataluña describió que familiares de menores con TEA notaron cómo el confinamiento en abril permitió mejorar las habilidades sociales y emocionales [20]. Las habilidades comunicativas en los menores de la muestra también se habrían visto alteradas. Sin embargo, las afectaciones no parecerían ser acusadas. La mayoría de los menores mantuvieron su capacidad de contacto visual, habilidad de importancia para una comunicación exitosa y uno de los síntomas clave del TEA [3,21]. Una pregunta que surgió es si el uso de mascarillas afectó a la capacidad comunicativa [22]. Los resultados sugieren que no hubo alteración en las habilidades de comunicación per se, aunque los padres tuvieran más dificultades para entender a su menor. Los problemas de funcionalidad en la muestra podrían estar relacionados con la pérdida de entornos que favorecieran el uso de estas habilidades, con el uso de mascarillas y con que las relaciones sociales pasaron a adquirir una valencia negativa [23,24].

Las rutinas resultan fundamentales para que no se produzca una modificación o alteración de hábitos básicos, como los de alimentación, sueño o ejercicio [25]. La no estructuración de los horarios habría favorecido un aumento de las horas dedicadas a las nuevas tecnologías [19], especialmente en teléfonos inteligentes y tabletas. Un estudio descriptivo durante el confinamiento relacionó la falta de actividad física y el uso de pantallas con una mayor reactividad negativa [17]. Destaca también en nuestro estudio el hecho de que los hábitos alimentarios se vieran alterados. La falta de rutinas y de estructura horaria, así como la mayor accesibilidad, por pasar más horas en su domicilio, podrían explicar que la mayor parte de los niños y las niñas picaran alimentos entre horas.

Este estudio presenta una serie de limitaciones. El hecho de que no se comparen los resultados con una muestra de control dificulta su generalización. La menor presencia de niñas con TEA impide generalizar conclusiones diferenciales entre géneros. Los resultados sugieren un patrón distintivo, pero no se pueden establecer conclusiones sólidas. Tampoco se permite comparar de forma concluyente entre los niños según las capacidades cognitivas generales, si bien los resultados preliminares sugieren que los niños sin lenguaje mostraron una mayor alteración durante y tras el confinamiento de marzo de 2020. Los participantes están siendo atendidos en una unidad de alta complejidad, por lo que los resultados podrían no ser generalizables a los niños y adolescentes con TEA atendidos en recursos comunitarios.

No se realizó una evaluación a los cuidadores principales, que podría haberse relacionado con la evolución del menor a cargo. Por otra parte, hubiera sido necesario evaluar qué tipo de estructuración horaria y uso de soportes visuales manejaban los niños con TEA durante el confinamiento. De este modo, podría analizarse si la calidad de la estructuración amortiguó su impacto.


En conclusión, a pesar de las limitaciones referidas, los resultados de este estudio pueden ayudar a identificar las áreas de vulnerabilidad de estos niños y adolescentes tanto a cuidadores como a profesionales. Así, contribuiría no sólo a mejorar la intervención, sino también a la preparación de actividades preventivas en situaciones de riesgo.

 

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Analysis of the impact of COVID-19 on youngsters with autistic spectrum disorder

Introduction. The state of emergency and national lockdown declared in Spain over the coronavirus pandemic markedly impaired routines and access towards health services supports for children with Autism Spectrum Disorder (ASD).  This population is of particular vulnerability towards sudden changes and is distinguished by their complex management.

Objectives. The main goal was to qualitatively assess the psychosocial and mental state of children diagnosed with ASD affiliated to the Hospital Clínic de Barcelona, during and after the first lockdown period.

Patients and methods. A survey was administered to relatives of 65 boys and girls with a main diagnosis of ASD.

Results. A worsening of key ASD symptoms was reported during lockdown. In addition, the use of new technologies, intake between meals, and anxiety symptoms increased. Recovery after lockdown was not complete in our sample.

Conclusions. These results highlight the need for planning specific supports for minors with ASD and for resources to reverse the effects on routines, habits, and school returnal.

Key words. ASD. Autism. COVID. Lockdown. Schools. Treatment.

 

© 2022 Revista de Neurología

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